Con la mirada hacia el cielo. Así expiró el joven John Barrientos Sucasaca (31), cuyo cuerpo fue recuperado ayer por policías de Alta Montaña y rescatistas, encabezados por Eloy Cacya, especialista en este tipo de operaciones de búsqueda y ubicación de personas desaparecidas.

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El grupo de rescate salió ayer a las 8:30 horas al alcance de su cuerpo. Una hora más tarde lo hizo el fiscal de Mariano Melgar, Édgar Valencia.

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A las 13 horas, los brigadistas llegaron hasta Aguada Blanca. Tras un pequeño descanso, continuaron su marcha por el flanco norte del volcán Misti, a la altura de la Escuela Policial de Charcani.

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Minutos más tarde ubicaron el cuerpo inerte del peregrino que salió en busca de renovar su fe, pero lo único que encontró fue la muerte, que lo sorprendió mirando las estrellas.

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MURIÓ DE HIPOTERMIA

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Barrientos había caído a un barranco. Tenía puesto un pantalón jean celeste y una chompa negra.

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Después de andar deambulando y desorientado durante varias horas por los cerros, siguió su instinto de supervivencia. Decidió guiarse por las luces que alumbran la Escuela Policial de Charcani.

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Agotado por el cansancio, la sed y la necesidad de alimento, su cuerpo flaqueó; se desvaneció. Ya no pudo con el peso de la mochila y la dejó en el suelo de piedras y pequeños arbustos.

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En el desvanecimiento, perdió una zapatilla. El cansancio pudo más y no consiguió calzársela. Se cayó, se paró y arrastró como pudo, avanzando un kilómetro. Cuando no pudo más, cayó a la hondonada.

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Mal herido, intentó continuar su marcha al alcance de las luces de la escuela policial. No pudo moverse y la muerte lo alcanzó vestida de frío.
Cuando llegaron los rescatistas, tenía el dedo de la mano derecha en la quijada. Al parecer intentó agarrar la chompa con su boca, tiritando por el frío. No solo había perdido las zapatillas, tampoco tenía calcetines. Los perdió de tanto arrastrarse por el suelo.

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Aprovechando el cauce de antiguas torrenteras, el cuerpo de Barrientos fue descendiendo asido por un grupo de rescatistas de Alta Montaña. La familia esperaba su llegada en la ciudad.

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TRASLADO A AREQUIPA

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A su encuentro llegaron sus tíos Octavio Belisario y Juan Sucasaca, quienes, presos de la impotencia, no pudieron evitar derramar lágrimas y soltar alaridos de dolor.

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Tras las actividades de ley por parte del Ministerio Público, los efectivos de Alta Montaña y otros rescatistas introdujeron el cuerpo, con signos de descomposición y un olor fétido, en una bolsa negra de lona; y empezó el descenso.

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En la ruta ganaron los cauces de antiguas llocllas. Los momentos de silencio eran más largos que los de conversación entre los presentes.

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Barrientos llegó anoche hasta la morgue. Hoy por la mañana la familia espera que lo devuelvan para darle cristiana sepultura.

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