Pocollay. Desde tempranas horas de ayer, el cementerio municipal de Pocollay se convirtió en el punto de encuentro de decenas de familias que entre recuerdos y reflexiones visitaron las tumbas de aquellos papás que se fueron a mejor vida y que pese a ello, continúan haciendo falta en el hogar.

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Este es el caso de Elias Huanacuni Chura, quien hace 9 años falleció por un derrame cerebral. Tenía 42 años cuando un accidente en una fiesta tradicional marcó su vida, la de sus cuatro hijos y la de su amada esposa quien se convirtió en el soporte de una familia que hasta hoy continúa visitándolo en el cementerio de Pocollay.

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María Isabel Huanacuni Apaza, la hija mayor, recuerda con mucha nostalgia a su padre a quien siempre consideró como un hombre de buenos principios. “Mi papá siempre ha sido una persona bien recta, de buenos principios, de moral, era un ejemplo de padre. Mi papá si hoy nos viera estaría bien orgulloso de cada uno de nosotros porque somos excelentes personas, todos somos profesionales”, dijo.

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Mientras que Dominga Apaza, quien fue la esposa de Huanacuni Chura, lo recuerda como el personaje que unía a toda la familia. “Él se fue muy temprano y no ha podido disfrutar a sus hijos, él era muy bueno con su familia, siempre era el más participativo, siempre buscaba casa por casa a sus hermanos para reunirse, esos recuerdos nunca se podrán borrar”, comentó con un nudo el garganta.

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COMERCIANTES

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Como era de esperarse, los negocios en los alrededores del cementerio prosperaron, ya que encontraron en la ocasión una oportunidad para hacer su “agosto” y ganar un dinero extra. En su mayoría eran floristas y ofertaban ramos desde 5 soles y arreglos florales desde 5 hasta 20 soles.

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Durante todo el día, hijos, esposas y familias visitaron el camposanto para recordar al padre que ya no está entre ellos.

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