Curtidores de cuero

Redacción: Alexis Choque Sarmiento

La postal es de los 90, en el Cono Norte de Arequipa. Vito Andía Montes carga un rollo mofletudo de cuero sobre su hombro derecho resoplando por el sopor del mediodía.
Y con la mano izquierda arrastra como puede a Rodrigo Andía, su primogénito de -por entonces- unos 4 años. El camino es de tierra, desolado. Vito y Rodrigo caminan apurados, dejando una estela de polvo por los 5 kilómetros que garbean desde el Camal de Río Seco hasta su taller en el Parque Industrial.

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Ese recuerdo noventero es el primero que evoca Vito de esa década difícil, cuando habla sobre su inicio como curtidor de cueros.
Pieles del Sur, su empresa, era apenas un negocio familiar para que la nueva estirpe que invadía las faldas del Chachani -junto a una ola de migrantes- sortee las necesidades del día a día.

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-Hacía ese camino todos los días, con mi hijo a cuestas. Todo era difícil. A veces no alcanzaba para comer. Quería desistir y dejar el negocio pero mi esposa (Julia Paredes) me animaba a seguir. ¡Uf…, qué no habremos pasado! Vito se conmueve, solloza, se enjuga los ojos y sonríe. -Pero todo valió la pena.

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En los 90, el país todavía sangraba por la guerra contra Sendero Luminoso. La economía no era tan buena y la industria del cuero mucho menos. Aún así, Vito y un puñado de curtidores se aferraron al negocio de las pieles de vaca. Es cierto que muchas veces quiso industrializar su negocio, pero los bancos no querían darle ningún préstamo por nada del mundo. Entonces comenzó a vender sus artefactos de hogar para costear máquinas que alisaban cueros.

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En ese entonces producía 50 capas de cuero al mes y trabajaba con dos fábricas arequipeñas de zapatos.
Ahora Pieles del Sur, una de las fábricas más importantes de la Ciudad Blanca, produce 250 capas de cuero al día y le vende a más de 20 empresas de calzado de Lima, Trujillo y Huancayo.

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APRENDIZ DE EMPRESARIO
Vito, de 57 años, estatura promedio y el rostro curtido por el trabajo duro, es un empresario consagrado en las aulas de la experiencia.
Nunca se formó para serlo en ninguna universidad o instituto, solo trabajó sin descanso año tras año.

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Pero en 2016 le puso fin a su empirismo empresarial apuntándose en los cursos de “buenas prácticas de innovación productiva” que ofrece el Programa Produce del Ministerio de la Producción.

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Fueron dos meses de estudios que se repitieron en octubre y noviembre de 2016. Esos talleres se hicieron en convenio con la Municipalidad de Cerro Colorado. “Gracias a eso supe cómo manejar mi empresa y ser competitivo. Antes lo improvisaba todo, ahora tengo una visión para Pieles del Sur y hacia allá voy”, dice.
El cambio fue inmediato: el empresario se deshizo de todas sus máquinas antiguas y modernizo su fábrica de unos 2.000 metros cuadrados, puso en orden sus cuentas, capacitó a sus 20 trabajadores y dejó de arrojar los residuos sólidos de su curtiembre al desagüe, que llegaba hasta los descampados del Cono Norte y contaminaban el medioambiente.

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Ahora envía sus residuos (entre 700 a 800 kilos al mes) a plantas de tratamiento especializadas de Lima.
Los otros 60 curtidores del Parque Industrial Río Seco (ADEPIRS) también se capacitaron con Produce.
Todos han dejado de dañar el ecosistema cerreño.

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Y ahora apuntan a construir una planta de tratamiento de residuos líquidos de última generación para tratar sus desechos.
“Además, ahora sé como poner mi producto a la altura de las tendencias mundiales. Antes no hacía esto, solo producía cueros y ya. Ahora tengo calidades, tendencias, texturas”, cuenta entusiasmado.

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HACIENDO CUEROS
El trabajo para hacer cueros es casi una obra de arte. Se necesita de mucha paciencia y precisión. La piel de los vacunos -cuentan los curtidores de ADEPIRS- llega como materia prima y pasan por dos etapas para convertirse en cueros de alta calidad.
Primero pasan por las máquinas de pelambre, donde 4 de ellas desprenden la piel del animal del cuero.
Este proceso puede durar unas 4 horas y se brega con cientos de litros de agua caliente.

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Luego pasa al área de curtidos, donde la piel es convertida en tiras listas para convertirse en zapatos. Luego, en la sección acabados, las pintan de acuerdo al pedido que tenga la empresa.
Estos pasos no son del todo fáciles. Eso le enseñó Produce a Vito, quien el año pasado envió a 5 de sus trabajadores a Brasil para capacitarse en estos procesos.
Este empresario ahora invierte en su personal y da más puestos de trabajo a los jóvenes. “Siento que ya he cumplido muchas de mis metas, ahora solo sueño en exportar mis productos”.

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El cuero se vende por “pies” (medida de un calzado). Cada ‘pie’ cuesta entre S/ 2,40 y S/ 5,40, dependiendo de la calidad del cuero.
Y cada capa de cuero puede tener hasta 20 ‘pies’.
“Hay pieles que cuestan menos por su calidad, normalmente las de toro son las que más cuestan por su finidez”, explica Alfredo Beisagal Rayme, gerente de ADEPIRS.
Él también tiene su empresa: Global S.A.C. Y asegura que actualmente la venta de cueros está estancada.

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SIENDO MÁS COMPETITIVOS
La importación de calzado de China y el ingreso de cuero sintético al mercado nacional ha puesto en apuros a los curtidores.
“En verano y a inicios de la época escolar es cuando nuestra producción incrementa hasta el doble, pero nuestra lucha directa es contra los zapatos chinos, que son de baja calidad y más baratos”, advierte.

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Según la Cámara de Comercio del Perú, China se ha convirtió en el primer proveedor de productos para el Perú en los últimos tres años, desplazando a los Estados Unidos.
En 2015, por ejemplo, Perú ha importado de China productos por 8,922 millones de dólares, lo que representa el 21.1% del total de importaciones nacionales. Además, a diferencia de años pasados, ahora nuestro país compró 6,3% más del país asiático.

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“Es imposible luchar contra los productos chinos, la mayoría de las personas prefieren siempre los precios más bajos y no les importa la calidad de los productos”, lamenta Jafeth Quintanilla, especialista en comercio exterior de la Universidad San Pablo.
“Pero tenemos fe de que con Produce podremos hacerle la guerra a los productos chinos”, asegura Vito Andía.

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Cierto o no, estos empresarios ya no son los mismos de los noventa. Ahora, en alianza con Produce, son parte del Perú formal que camina al futuro, no descalzos de visión, sino con la seguridad de pisar firme el camino del éxito provistos de fuertes zapatos de cuero.

 

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