Eusebia Medina

Cercado. Eusebia Medina Huahuala lleva caminando descalza más de dos horas, tiene los pies sucios y   carga una cruz de madera delante de la imagen del Señor de los Milagros, que recorre las calles céntricas de Arequipa por segunda vez.

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Eusebia tiene 78 años y desde hace cuatro acompaña al Cristo Moreno en sus procesiones. Pero este es su primer año en la sección de descalzas. Dice que fue una promesa que le hizo a Dios cuando hace cinco años atrás se encontraba internada en el hospital Honorio Delgado Espinoza.

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Desde joven, Eusebia padecía de dolores en los huesos. Cuando fue internada, los médicos le diagnosticaron osteoporosis, artritis y otras enfermedades a los huesos.

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Fue entonces cuando uno de sus hijos le pidió que se encomendara al Cristo Morado. “Los médicos me habían dicho que solo me quedaba movilizarme en silla de ruedas, pero gracias al Cristo Moreno ahora estoy aquí y lo sigo con mucha fe”, dice Eusebia, al borde del llanto.

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Otra devota que acompañó al Cristo de Pachacamilla en su recorrido fue Mercedes Salas (74), quien hace dos meses ingresó de emergencia a un hospital para ser operada de la vesícula biliar.

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Mercedes cuenta que fue una operación delicada, pero exitosa. Tenía cálculos de hasta dos centímetros en la bilis; si no se los sacaban a tiempo, estos podían pasar a su intestino a través de un conducto que lo comunica con la vesícula biliar, lo que hubiera sido fatal.

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“Fue uno de los muchos milagros que me hizo el Señor, siempre le pido mucho por mi familia, mis hijos. Una vez también salvó a mi hijo mayor de un accidente de tránsito”, añade Mercedes, quien sigue al Señor de los Milagros desde hace 30 años.

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SEGUNDO RECORRIDO

La imagen del Cristo Morado salió de la iglesia San Agustín al promediar las 13 horas y recorrió algunas calles del Cercado, como Santa Catalina, San Francisco y La Merced, sobre los hombros de los más de 300 miembros de la Hermandad de la Iglesia San Agustín. Ellos se dividieron en 21 cuadrillas para acompañar a la imagen.

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DEVOTO DESDE NIÑO

A los 5 años de edad, José Antonio Zúñiga se convirtió en devoto del Señor de los Milagros. Fueron sus padres quienes le inculcaron esta devoción.

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José es miembro de esta hermandad y ayer, como hace más de 30 años, volvió a cargar sobre sus hombros al Cristo de Pachacamilla, quien, dice, le ha hecho muchos milagros a lo largo de su vida.

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El último de ellos fue controlar la diabetes que su padre padeció durante 10 años. Ese es el milagro que más recuerda José, porque su papá era la persona que más amaba. “El año pasado él falleció, pero sé que ahora está al lado del Señor y desde allí nos cuida”, comenta.

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Al final de la jornada, la imagen del Cristo Moreno fue guardada en el templo de Nuestra Señora del Pilar, desde donde hoy saldrá para realizar su tercer recorrido, hasta la Iglesia de Santa Teresa.

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