Cementerio Jerusalén de Mariano Melgar.
Isabel Álvarez y Renato Abarca

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Distritos. Hace unos días  solo los cuidantes y algunos visitantes caminaban entre las tumbas de los cementerios. Pero ayer todo cambió. Los camposantos estuvieron abarrotados de miles de familias que llegaron de diversos lugares de la región para homenajear a sus difuntos.

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Sin Fronteras visitó los cementerios más importantes de la ciudad para conocer los detalles de esta costumbre.

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Ha pedido del difunto

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La banda Internacional Auténtica Arequipa llegó al cementerio Jerusalén, de Mariano Melgar, al promediar las diez de la mañana, y a la 1 de la tarde ya habían tenido diez presentaciones. Fueron contratados  por diez familias que no dudaron en cantar y bailar la canción favorita de su difunto.

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Los temas más pedidos pertenecen al folclor puneño. Los temas de la cantante Alicia Delgado y huainos como “Profesorita” y “El panteonero” no se quedaron atrás.

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Para Cirilo Iquize Bautista, quien visita a su madre Francisca, fallecida en 1991, la música le sirve para mantener vivo el recuerdo del ser perdido.

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Esta escena también se repite en el sector de Ciudad Municipal. En el cementerio Paz Eterna había al menos tres grupos musicales que ofrecían sus servicios a los familiares de los difuntos.

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Justino Sacsi, representante de la Banda Orquesta Coropuna -naturales de la provincia de Castilla-, cuenta que para trabajar en cementerios (sobre todo en estas fechas) debe tener al menos 100 canciones en su repertorio.

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“Las personas vienen de diferentes lugares y todos con diferentes gustos. Si te piden una canción criolla, la tienes que tocar, si no, perdiste”, explica Sacsi.

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Algunos de los visitantes ya los conocen. Otros, después de haber tomado un par de vasos de cerveza, recuerdan aquella melodía que sus parientes solían bailar y llaman a los músicos para que la toquen.

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Pequeños lujos

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Hace 27 años, Pablo Capcha (padre soltero de 52 años) perdió a su hija Mirian, con apenas dos años de edad. Desde entonces no ha dejado de visitar la tumba de su pequeña cada quince días.

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El sepulcro de Mirian es uno de los mejores del cementerio de Paucarpata. Pablo no ha olvidado ningún detalle. El mausoleo está hecho de mayólica y en el medio hay un pequeño jardín con rosas y flores de colores.

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En la cabecera del mausoleo está inscrito el nombre de su hija rodeado de sus juguetes. Cada año lleva un adorno (cofres, cajitas decorativas, esferas de cristal). “Cada vez que quiero hablar con alguien o tengo algún problema, vengo a conversar con ella”, cuenta.

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Para que nadie ose profanar la tranquilidad de Mirian, le encarga a los cuidantes del cementerio vigilar su tumba.

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Eduardo Huaylla (74) también ha dedicado su vida a cuidar el sepulcro de su hija Janet, quien murió cuando tenía un año y medio, hace 20 años. La visita una vez al mes desde entonces. “Es como un ángel para mí, por eso no debo descuidar su tumba”, dijo.

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Otras costumbres

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Al igual que Pablo y Eduardo, miles de familias acostumbran visitar a sus difuntos todos los domingos, otros una vez al mes o en fechas importantes. El Día de Todos los Santos es particular por las creencias que tenemos algunos ciudadanos.

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Algunos dicen que a partir del mediodía del 1 de noviembre las almas salen de sus tumbas por 24 horas. Por esa razón, los familiares dejan sobre las sepulturas pan, guaguas, chichasara, galletas, caramelos, bebidas (gaseosa o cerveza) o fruta. “Es como una ofrenda a los difuntos”, dicen.

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Valerio Paredes –natural de Puno– explica que este ritual deben hacerlo los tres primeros años después de la muerte. Este es el tercer año que Valerio y toda la familia (cerca de 30 personas) llegan al cementerio de Ciudad Municipal para rendir homenaje a su padre.

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Las ferias

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En estas fechas no solo celebran los muertos, sino también los comerciantes, quienes hacen su negocio del 31 de octubre hasta el 2 de noviembre.

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En el ingreso a Cono Norte (Zamácola), cada año un comerciante vende de 100 a más guaguas al día. El precio va de 5 soles (un paquete de 24 unidades) a S/ 15 (una guagua grande, de un kilo).

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En el ingreso al cementerio Paz Eterna (Cerro Colorado) se han instalado cerca de 292 puestos de venta de comida, flores, coronas, entre otros productos.

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Marleni Ccopa empezó a comprar coronas para venderlas hace cuatro años. Pero desde hace 3 empezó a hacer sus propias coronas. Cada año elabora cerca de 500, de las cuales logra vender más del 90%. “La venta ha aumentado, cada vez viene más gente al cementerio”, señala.

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Así como ella, también hay niños que buscan ganarse una propina llevando agua para que los familiares rieguen las plantas que ofrendan. Por balde cobran S/ 0,50.

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Niños venden agua en los cementerios

Niños venden agua en los cementerios.

Pablo Capcha visita a su hija que falleció a los 2 años

Pablo Capcha visita a su hija que falleció a los 2 años.

Banda de músicos "Coropuna" pone la nostalgia y la alegría.

Banda de músicos “Coropuna” pone la nostalgia y la alegría.

Visitantes dejan ofrenda para el alma del ser querido.

Visitantes dejan ofrenda para el alma del ser querido.

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