Cerro Colorado. Alaín Jean María Leroux llegó a Arequipa hace 25 años de su natal Francia. Formaba parte de una comunidad misionera. Gracias a esto llegó a Arequipa y se estableció en el sector de Semi Rural Pachacútec, en Cerro Colorado. Desde ese tiempo, siempre encabezaba las misas en tres iglesias: Semi Rural Pachacútec, José Santos Atahualpa y Mariscal Castilla. “El primer día que llegó a Pachacútec, él no sabía hablar muy bien el español y se ayudaba con un cuadernito. A la vez, nosotros le enseñábamos y poco a poco se fue adaptando y ganando nuestros corazones”, contaba Silvia Cano.

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Para pena de sus feligreses, el jueves 2 de noviembre, un paro cardíaco terminó con su vida, a la edad de 69 años, dejando un gran legado y una gran admiración por parte de la población, que lo seguía todos los domingos en las misas que ofrecía en las parroquias de esta zona.

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CUIDABA DE ORFANATO
El padre Alaín administraba un orfanato que hoy alberga a más de 20 niños y adolescentes. Ellos, en el último adiós al párroco, se mostraban muy dolidos por la partida inesperada de quien llamaban su padre. “Estoy muy dolido, él era mi padre; me crió desde muy pequeño y ahora nos dejó para estar a lado de Dios. Siempre lo recordaremos”, manifestó Víctor Cruz, uno de sus “hijos”.

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LABOR SOCIAL
El sacerdote realizó mucha labor social en estos pueblos. Mayormente caminaba con los jóvenes, con quienes mantenía constantes charlas para transmitirles la sabiduría y la palabra y enseñanzas de Dios. “Era muy humilde. Siempre lo recordaremos. Su forma de ser era muy peculiar; el domingo bendecía las botellas con agua bendita y luego nos bañaba con ella. Terminábamos bañados de tanta bendición. Es algo que siempre extrañaremos y creo que nadie imitará”, mencionó Johan Revolllar.
la triste partida

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Los restos del padre Alaín, como lo conocían sus feligreses, fueron velados en la iglesia de Mariscal Castilla. La misa fue presidida por el arzobispo de Arequipa, Javier del Río Alba, quien despidió a “un gran amigo”, a quien calificó de “reservado pero muy alegre con los niños”.

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La voluntad de los seguidores del párroco fue trasladar el cuerpo desde la iglesia hasta el cementerio Parque de la Esperanza. Más de 600 personas caminaron un poco más de kilómetro y medio a lado del féretro, que era cargado por sus hijos adoptivos para depositarlo en el camposanto.

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Los pobladores extrañarán su español mal pronunciado y esa barba que siempre lo hacía ver llamativo, pero, en especial, su amor por los niños y la juventud, a los que se abocó desde que llegó a Semi Rural Pachacútec.

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