Leyes
Miguel Pino Ponce

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George Orwell, el rabioso anticomunista que en pleno auge de ese totalitarismo escribió “Rebelión en la Granja”, como frase final postuló una tesis: “todos los animales son iguales, pero unos son más iguales que los otros”.

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Y creo que todo lo visto en la última semana nos hace ver que solo los románticos del derecho podemos pensar en que lo único que nos iguala es la ley. Y tal como alguna vez lo dijo Miguel Ángel Cornejo, el filósofo de la administración de empresas: El pescado empieza a podrirse desde la cabeza.

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Y pruebas al canto: ¿Qué miedo lo impulsa a PPK a buscar subterfugios legales para no concurrir a la Comisión Investigadora Lava Jato? Luego, con toda frescura, aparece una de las exchicas superpoderosas: Luz Salgado, para increpar groseramente al fiscal, que armado de una resolución judicial irrumpió en los locales de Fuerza Popular “Ud. no sabe con quién se mete”.

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Vaya, vaya; esto me hace recordar a la vergonzante expresión que normalmente las esposas y familiares de muchos entorchados oficiales de la policía y el ejército utilizan para exigir preeminencias que no tienen o trato diferenciado que no existe. Pero eso no queda ahí, sino que es el propio fiscal de la Nación que ha movido a toda su institución para enfrentarse públicamente al Poder Legislativo.

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Y la verdad que no tiene sentido: Este Congreso (Lenin, sin conocer al Congreso peruano, lo llamaba “el establo parlamentario”) no lo va a destituir, a lo mucho hará una pataleta. Pero eso de mostrar músculo institucional hace que en lugar de ver fortalecido el Estado de derecho, sea venido a menos. Igual pasa con los miembros del Tribunal Constitucional, y pensar que son ellos quienes deben velar por la constitucionalidad.

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Y si eso es así arriba, entonces con toda razón y conchudez cualquiera de los tantos corruptos alcaldes del sur del Perú hacen lo que les viene en gana con las citaciones del Poder Judicial. Sus funcionarios cumplen las resoluciones judiciales por aburrimiento. Y lo peor: con el tema del “Aymarazo” se ha visto que en lugar del Estado de derecho es más fuerte una algarada violentista. Entonces, ¿de qué “respeto al Estado de derecho” hablamos?

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Ahora, ¿cuántas de las resoluciones judiciales se cumplen? Muchas veces, la amenaza de prenderse fuego, o de poner niños para evitar un lanzamiento o un embargo, hace que la sentencia sea un saludo a la bandera. ¿Y les pasa algo a estos rebeldes? Nada. He sido testigo impotente de que, muchas veces, en el propio juzgado o fiscalía se agrede a los justiciables; y los magistrados practicando las máximas de los tres monos sabios: no los hacen detener a quienes se burlan de su autoridad. Hubo hasta un fiscal que lo único que dijo fue “hay que entenderlos, ya se les pasará”. Ese fiscal tenía apellido de santo, y hoy expectorado de la fiscalía, ha pasado a ser “defensor de oficio”. ¿Qué tal?

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Desde mi autoexilio en Europa, veo con profundo pesar que seguimos repitiendo como loros todas las semanas las teorías hechas para esta realidad, no para la nuestra. Acá el ciudadano cumple las normas, sin que haya alguien detrás. En el Perú se requiere mano dura para que todos entiendan que las leyes son para cumplirse y no para burlarse de ellas. Una vez, en un puesto policial, me hicieron un chiste cruel: A una chica que la violaron por cuarta vez, los policías le llamaban “Constitución”; y al preguntar ingenuamente por qué, me contestaron “Es que la violan a cada rato, doctor”.

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